No todos los vidrios hacen lo mismo: cuál elegir en cada espacio
Cuando pensamos en vidrio, muchas veces pensamos simplemente en transparencia. Pero en un proyecto, escoger un vidrio u otro puede cambiar por completo cómo se percibe un espacio.
Puede dejar pasar la luz sin mostrar lo que ocurre detrás, separar sin cerrar, aportar color, distorsionar una vista o convertirse directamente en un elemento protagonista.
Por eso, más que elegir un vidrio porque nos gusta, nos interesa entender qué queremos conseguir con él.
Vidrio acanalado

Sus estrías generan una distorsión bastante ordenada de lo que ocurre al otro lado. Deja pasar mucha luz, pero reduce la nitidez de las formas.
Nos gusta especialmente para puertas, cerramientos interiores, mamparas o frentes de mobiliario cuando queremos mantener cierta privacidad sin perder luminosidad. Además, su geometría aporta ritmo y hace que un cerramiento sencillo tenga mucha más presencia.
Vidrio ondulado

Es menos regular que el acanalado. La superficie genera una distorsión más orgánica, casi acuosa, y la luz se comporta de una manera mucho menos uniforme.
Lo elegiríamos cuando buscamos privacidad, pero también textura y movimiento. Funciona especialmente bien en separaciones de espacios o puertas donde el vidrio puede tener un carácter más artesanal.
Vidrio ahumado

Aquí no buscamos ocultar mediante textura, sino filtrar la visión y reducir visualmente la transparencia.
Los tonos gris, bronce o fumé aportan profundidad y funcionan muy bien en espacios más sofisticados: despachos, vestidores, vitrinas, cerramientos o divisiones interiores. Eso sí, absorbe más luz que un vidrio transparente, así que no siempre es la mejor opción en espacios poco luminosos.
Pavés

El bloque de vidrio permite construir cerramientos que dejan pasar la luz manteniendo un grado elevado de privacidad.
Durante años quedó asociado a una estética muy concreta, pero bien utilizado puede ser un recurso muy contemporáneo. Nos interesa especialmente en baños, duchas, distribuidores o divisiones curvas, donde además podemos aprovechar su capacidad para construir volumen.
Y si escogemos piezas con irregularidades, color o un acabado más artesanal, el resultado cambia por completo.
Vidrio armado

La malla metálica queda integrada dentro del propio vidrio y pasa a formar parte de su expresión.
Tiene un carácter industrial muy reconocible, por lo que lo utilizaríamos cuando esa materialidad tenga sentido dentro del lenguaje general del proyecto: puertas, particiones, cerramientos o mobiliario.
Aquí hay una consideración importante: no deberíamos escogerlo únicamente por su apariencia cuando necesitamos determinadas prestaciones de seguridad o protección contra incendios. En esos casos hay que especificar el vidrio adecuado y comprobar su certificación.
Vidrio texturizado

Es probablemente una de las categorías más amplias. Relieves, irregularidades y diferentes dibujos permiten controlar cuánto vemos a través del vidrio y cómo se refracta la luz.
Es una buena herramienta cuando queremos que el vidrio tenga presencia material. Puede funcionar como fondo, como filtro o incluso convertirse en uno de los elementos protagonistas del espacio.
Vidrio satinado

Deja pasar la luz de manera muy homogénea, pero difumina considerablemente la visión.
Es una solución especialmente útil cuando la prioridad es privacidad + luminosidad: baños, puertas de dormitorios, despachos, consultas o espacios donde no queremos una relación visual directa.
Frente a los vidrios texturizados, su imagen suele ser más neutra y silenciosa.
Vidrio coloreado

Aquí el vidrio deja de ser solamente un cerramiento para convertirse en una herramienta de proyecto.
Ámbar, verde, rosa, lila, bronce… El color modifica la luz que atraviesa el material, genera reflejos y puede transformar la atmósfera de un espacio.
Lo utilizaríamos cuando queremos introducir color sin recurrir necesariamente a superficies opacas, o cuando buscamos que una partición, una puerta o un elemento decorativo tenga un peso especial dentro del proyecto.
Entonces, ¿cuál escogemos?
No hay uno mejor que otro.
Antes de decidir, nosotros solemos hacernos preguntas bastante más útiles: ¿necesitamos privacidad?, ¿cuánta luz queremos conservar?, ¿queremos ver lo que sucede al otro lado?, ¿buscamos que desaparezca o que tenga protagonismo?, ¿qué materiales tiene alrededor?
Porque incluso un elemento aparentemente sencillo como un vidrio puede resolver varias cosas a la vez.
Y ahí está gran parte del trabajo de proyecto: conocer las posibilidades para escoger la que realmente aporta al espacio. Si necesitas ayuda para decidirte no dudes contactar nosotros.



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